Vida cotidiana
Yo solía pasar tardes enteras bajo las sombras de un pequeño bosque de imponentes eucaliptus que hay detrás de la estación de trenes de Villa Bosch. Leyendo libros, tomando mate, discutiendo temas sin importancia con amigos o viendo el tren pasar, yo disfrutaba de esa porción de naturaleza, la más histórica y vital de mi barrio fundado hace unos 60 años por un tal José María Bosch. Esos eucaliptus son la máquina que suministra aire puro a todos los vecinos y que emana historia desde sus raíces. Leer más...
"Los Coritos" está en plena sierra cordobesa, lugar donde aún hoy no llega la luz eléctrica. Viajábamos desde Metán –Salta– en el tren cochemotor del ferrocarril General Belgrano, hasta Deán Funes –Córdoba– y desde allí partíamos a "Los Coritos" en carro, carreta o sulky. Pasábamos por San Pedro de Toyos y mucho más adentro, sierra adentro, aparecía la casita de adobe de mi bisabuela Dolores, el aljibe, los tunales, los corrales de las cabras, las arroperas, el horno de barro, y el telar de mi bisabuela debajo de un frondoso molle. Leer más...
No me gustan mucho los médicos. No es nada personal. No me gustan en mi vida. Soy del campo. El control anual para mí no existe. No digo que esté bien, digo lo que es. Leer más...
Fíjese bien, hermano mayor, cómo le brillan los ojos a su hermanito cuando usted habla, y él lo mira, lo mira.
Cuando eran chiquitos, él lo copiaba en todos sus juegos. Corría detrás suyo como una sombra, repetía sus palabras como un eco, se enojaba cuando usted se enojaba, lloraba cuando usted lloraba, reía cuando usted reía.
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Segundo día en Roma. Nos tocaba la ciudad del Vaticano. Empezamos por la Plaza San Pedro y después elegimos la cúpula de la basílica para finalmente adentrarnos en la Iglesia de San Pedro. Leer más...
Todos los que me conocen saben que odio las guardias. Puedo engancharme con alguna serie médica, donde las urgencias están perfectamente coreografiadas, pero prefiero que mi vida real sea más programada. Me había prometido no volver a ceder el derecho de dormir y comer por veinticuatro horas a cambio del vil dinero. En realidad no importa cuánto paguen, nunca termina compensando. Leer más...
Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.
Leer más...Desde que compramos medio kilo de helado en lugar de dos cuartos, nuestra relación cambió.
Cambió para mal.
En esos tiempos en que el timbre del recreo era el momento más esperado del día. En los que jugar al elástico, a las figuritas o al “viejito toca la es” eran una diversión única. En esos días en que no existían las responsabilidades y el mayor problema era hacer cola en el kiosco del cole.
Leer más...Procrastinar es agarrar los apuntes y llevarlos a la mesa del comedor, darte cuenta de que necesitás la notebook para ver el programa organizado por fecha, agarrar la notebook, ir a buscar el cargador porque no da que la compu se descargue a mitad del estudio, conectar una zapatilla en el enchufe porque también querés conectar la lámpara con la que ves mejor.
Leer más...Historia de infidelidades debe haber millones. Pero deben ser pocos los que quieran que esas historias trasciendan el ámbito de lo privado. Excepciones, diría yo. Y como para muestra basta un botón, esto que voy a contarles es una de ellas. Ella en persona me pidió que escribiera su historia, como si la necesidad de contarlo fuese mucho mayor que el riesgo de hacerlo. ¿Cómo iba a negarme?
Leer más...Ocho treinta: suena el despertador. Mi despertador es el teléfono, creo que ya casi nadie usa reloj despertador. Como todos los celulares modernos, la alarma del despertador es una musiquita amable. Justamente lo contrario a lo que debería ser un despertador: molesto, violento.
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