Relatos
Conocí a Lucrecia a fines de los ‘90, cuando comencé a trabajar como enfermera del turno mañana en la clínica “Los Cipreses”. Ubicada en pleno Barrio Norte, se trataba de una coqueta edificación de estilo francés que antiguamente funcionó como petit hotel.
Leer más...¿Viste cuando te sacuden el suelo? Ponele que hay una alfombra abajo, la alfombra que quieras, puede ser una alfombrita de baño o una alfombra de piel de cordero o ésas que tienen arabescos y son duras, o la alfombra en la cual podrías echarte a dormir frente al fuego como en las películas pedorras, mientras afuera llueve y vos venís de un largo camino oscuro y frío. Ponele que tiran de esa alfombra de costado y vos te sacudís entero. Un muñeco michelín que busca el punto de apoyo.
Leer más...–¡Gol, carajo! –saltamos todos, rodamos varios escalones abajo, enroscados. Un amasijo de cuerpos.
–¡Grande, papá, grande! –una radio de mano crujió ante el pisotón de un gordo–. ¡Rospide a la selección, maquinola!
Leer más...I
Con el búho como juez, se llevó adelante el primer juicio de divorcio de la selva, en el que la yegua y el rinoceronte pugnaban por obtener la tenencia exclusiva de su hijo unicornio.
Leer más...Parecía una caricatura. “La Hormiga Atómica”, le decíamos a sus espaldas. Cuando lo veíamos venir: “Contra el mal, la Hormiga Atómica” y ahogábamos la risa. Cabo Fernández era su nombre. En realidad se llamaba Fernández pero estaba ligado de manera indisoluble a su rango. Era de temer, aunque al lado nuestro fuera no mucho más que un enano, claro, no cualquier enano, era el cabo Fernández de la Policía Militar y nosotros éramos sus soldaditos.
Leer más...“¿Hiciste pis?” Le dijo mientras le sostenía la mano. “Sí”, se escuchó bajito. Volvió a insistirle, “¿seguro hiciste pis?” La miró y mientras esperaba una respuesta positiva le acomodó el saco rosa que le había puesto para salir. La niña en lugar de hablar, esta vez asintió con la cabeza.
–Bueno, entonces ahora vamos a salir a caminar y de paso, me acompañás al doctor.
–¿Para mí?
–No, para mí. Vamos a ver a mi doctor y después a la calesita.
Leer más...Alegría y tristeza: no conocía otro sentimiento.
Nunca se enteró de que existían la desesperación, la ansiedad, la angustia, el asombro. No llegó a atisbar desolación, esperanza, impotencia. No sabía de miedos, ni de incertidumbres, ni recelos.
Leer más...Fría mañana de sábado en Mercedes. En la vereda oeste de la casa velatoria Rossi un pequeño grupo de personas fuma en silencio y hace tiempo para entrar. En el interior de la sala hay otros grupos, que conversan en voz baja de espaldas a un ataúd donde reposa el cadáver de un viejo. Casi todos los concurrentes son personas mayores vestidas de negro. Por eso destacan, junto al féretro, dos niños de cinco años. LUCAS acaba de llegar. En cambio ALEX está allí desde temprano.
Leer más...Mi vecino Eduardo es odioso. A pesar de que somos las últimas dos personas que quedamos en el edificio, nunca nos saludamos. Somos como un matrimonio de años que convive pero no se soporta. Cuando la vieja del primero todavía vivía, nos llamaba siempre a los dos para que la ayudáramos con algo. Quería que nos amigáramos.
Leer más...“De repente pensé que esa pequeña arveja, bonita y azul, era la Tierra. Levanté mi dedo pulgar, cerré un ojo y el pulgar borró el planeta Tierra. No me sentí como un gigante. Me sentí muy, muy pequeño” declaró Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. Este comentario que encontramos al final del libro Zoom, de Istvan Banyai, da cuenta de la percepción de un hombre que estando a 384.400 kilómetros de distancia, descubre cómo su hogar, su planeta, su lugar en el inmenso universo, es reducido al tamaño del pulgar.
Leer más...Canilla que gotea. Mal cerrada o cuerito gastado. Impericia humana para operar un grifo o desgaste lógico como consecuencia del paso del tiempo. Una gota tras otra sobre una bacha de acero. Ruido insoportable en la noche. Un ruido más en el día. Agua que no se usa. Agua que duele y molesta. Agua que otros no tienen. Agua que un día no tendremos.
Leer más...Padre es un buen tipo. Padre me heredó mucho más que Madre; el aparente carácter impasible, el sentido agudo del humor, el descaro cínico, eso que la gente llama colmillo, lo saqué de Padre. Éramos buenos amigos, cuando era niña le pedía que me llevara a comer helados y me gustaba estar con él. Padre fue un buen padre. Lo es todavía.
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