Relatos
Cuando era chica, no más de un metro de alto, me gustaba hamacarme en el patio de mi casa; de esa casa que teníamos y que me acuerdo de a ratos de los ambientes, pero no la sabría dibujar ordenadamente en un plano. También de chica me gustaba ir a hamacarme a la plaza del barrio, que justamente quedaba enfrente de esa casa, y me la acuerdo entera y la puedo dibujar cuando quiera.
Leer más...Cuando me regaló ese chocolate que me gustaba tanto, que costaba, puff, lo mismo que el cassette de los grandes éxitos de Roxette, le dije que mi mamá no me dejaba aceptar cosas de extraños. Me dijo que no era una extraña, que era mi compañera de tercero B, pero yo le dije que mis amigos eran solamente los del A, o sea que ella, para mí era una extraña. Me dijo que le encantaba cómo me hacía la colita de pelo, ni muy baja ni muy alta. Siempre fui talentosa peinándome, no dejo que nadie me pase el peine, me duele mucho y la gente grande no sabe hacer buenas colitas. Solo saben hacer bien las milanesas. Mirándola bien me acordé de que ella en los recreos era la más genia con el elástico, una vez quise estar en su grupo y no me dejó, pero seguro que no se acuerda, mejor ni le digo, a ver si se arrepiente del chocolate, que igual no puedo aceptar.
Leer más...En la casa de Coqui. Se había comprado una pantalla plana en doscientas cincuenta cuotas que parecía un acuario, por lo plana y por la nitidez deslumbrante. Esa brillantez submarina que te ciega y que te alegra. Nos fuimos acomodando naturalmente, de la misma forma que la última vez. Porque esas cosas no hay ni que decirlas: cabuleros al mango y punto. Alguien hizo mate. Leer más...
Hace millones de años, Dios creó al primer ser vivo y luego lo miró maravillado y orgulloso de su obra. Un hermoso, aunque simple, ser unicelular de duración breve, sobre todo si se lo compara con la eternidad que había tardado en crearlo y la eternidad que pasaría después de su aparición en el universo. Es decir que el primer ser vivo fue creado entre dos eternidades.
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La distancia entre las generaciones es insalvable. Creés que hablás cara a cara con tu hijo, pero te separan treinta años, estás a tres décadas de distancia de él, aunque lo estés mirando a los ojos. Los años son como kilómetros. La risa puede ser simultánea, pero él se ríe en su infancia y vos en tu adultez.
Leer más...Cuando cumplía funciones como naturalista a bordo del Fanfarrian 47 (una nave de la Brigada Imperial), me impresionaron mucho ciertos hechos que me tocó observar. Me refiero, sobre todo, a los organismos que viven en la Constelación 32J y a las variaciones en la conducta afectiva y sexual de los habitantes de ese sector de nuestra Galaxia.
Leer más...Paula siempre estaba masticando, completamente inconsciente del mágico universo, al mismo tiempo erótico y exótico, que inventaba con su ingenuo gesto de amasar entre los dientes la dulce goma interminable. Y a mí, me gustaba dejarme alcanzar por el aliento a chicle de frutilla que le brotaba de la boca.
Leer más...Cansado de una jornada laboral intensa, se desplomó en la cama. Si bien no sentía sueño, necesitaba relajar su cuerpo tensionado. Pensó en practicar el ejercicio aprendido en las clases de yoga. “Veintiún segundos” lo llamaba el profesor, en virtud de su duración.
Leer más...Imploro continúen su camino
no pudran más su vista en estos versos
son sólo aberraciones de un perverso
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Una noche como cualquier otra, en el camino de regreso a su casa, un hombre se desorientó de repente. Entró por error a un edificio incorrecto, tocó sin querer el timbre de un departamento equivocado, le abrió la puerta una mujer que no era la suya, jugó por un rato con niños ajenos, ocupó la cabecera de la mesa a la hora de la cena y, antes de echarse a dormir en una cama mullida y tibia, le hizo el amor a aquella dama tan generosa, que no paró de sonreír desde que lo vio cruzar la puerta. Por suerte, logró volver en sí al amanecer, para llegar a tiempo a la oficina, como si nada hubiera ocurrido. Leer más...
Ella se muestra inmutable cuando le digo que la extraño. Como si no le importara todo el amor que le confieso a diario, sólo esboza una sonrisa, encantadora y desafiante, desde el frío portarretrato. Leer más...
Pobre Paco. Por más que intenta e intenta, no tiene suerte con la escalera del fondo. Cada vez que se acerca sigiloso para tratar de descubrir qué hay detrás de la puerta al final de los peldaños altos de cemento, una voz lo censura. Parece que los patrones tuvieran ojos independientes del cuerpo. Parece que lo olieran, que el olfato hipersensitivo del Paco se les trasladara como por arte de magia cada vez que el bicho se quiere acercar al primer escalón. Encima los muy infelices no dejan nada librado al azar. Cuando se van, le cierran con candado la reja que pusieron al principio de la escalera.
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