Relatos
A Susana Igarzábal, in memoriam
La foto de Bariloche era mucho mejor que el retrato de Dorian Gray. Porque, a diferencia del cuadro de Dorian, en esa foto nadie envejecÃa nunca y tenÃa siempre sobre nosotros el efecto de hacernos sentir muy jóvenes: al fin y al cabo veintiséis, veintisiete años desde el viaje de egresados no eran demasiados, por lo menos no demasiados como para evaporar totalmente los recuerdos.
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Yo era tanguero, ¿sabe? Un guapo derecho viejo.
Siempre la vieja y el rioba y los muchachos primero.
En la milonga, entre fasos, y escuchando el bandoneón,
descerrajaba unos tonos, con la guitarra y la voz,
añorando ese pasado que me llenó de ilusión. Leer más...
Y ella repite que hay otra realidad, pero dónde, pregunto yo, dónde está esa otra realidad. Y ella me observa con rostro serio y me pide que no mire esta noche debajo de la cama. Leer más...
El circo se habÃa instalado en el mismo terreno abandonado que usábamos para jugar al fútbol con los muchachos del barrio y tuvimos que postergar nuestros encuentros deportivos por más de un mes. El último fin de semana intentamos armar un partido pero la pelota cayó en la jaula del león y MartÃn, el único que se arriesgó a recuperarla, falleció en el intento y aunque nosotros estábamos muy disgustados con los resultados del rescate de la pelota, el león pareció satisfecho asà que se echó a dormir la siesta y a hacer la digestión. Leer más...
HacÃa años que la tribu esperaba la llegada del Teté. Los ancianos afirmaban que su advenimiento cambiarÃa radicalmente el destino de su pueblo, pero el transcurso del tiempo y la desidia en preservar las tradiciones les impedÃan recordar las razones por las cuales sostenÃan tal teorÃa. Según especulaban los más sabios, sin fundamentos, el Teté podÃa ser un cacique milagroso, un maldito dictador sanguinario o algún ser monstruoso que condenara a sus familias al exterminio, entre otras cosas aún peores. Leer más...
Un dÃa sale apurada de casa y se deja el libro que estaba leyendo sobre la mesita de luz. No se olvida las llaves. No se olvida la billetera. Pero sà el libro. Leer más...
La diferencia de viajar en subterráneo o en colectivo, es que al bajar por las escaleras del subterráneo ya sabés, no quedan dudas, que estás muerto. Cuando viajás en colectivo todavÃa te hacés la ilusión del paisaje, te parece que podés ir mirando por la ventanilla, te parece que las cosas se mueven. Es mentira, porque la ciudad fue arrasada hace ya demasiado tiempo, por fuerzas muy superiores a tu comprensión y raciocinio, por fuerzas que están muy por encima de tus capacidades. Pero no es el tema.
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La sensación al despertarse no fue la usual. Se sentÃa algo agitada, con los ojos puestos en la nada, como buscando hacer más presente ese extraño sueño. Tan extraño que intercalaba sensaciones de placer y miedo.
Era más temprano de lo habitual, asà que se tomó el tiempo necesario para ducharse y acomodar sus cosas para el trabajo. Preparó el desayuno y despertó a su marido, pues ambos trabajaban juntos y no solÃan llegar tarde.
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La lectora se sube a su auto nuevo pero a las pocas cuadras siente un tironeo, un sÃntoma inequÃvoco de sÃndrome de abstinencia. Necesita continuar el libro que dejó marcado en la página 46 con la oreja superior de la hoja doblada.
Leer más...Esta tarde, por si no lo notaron, la temperatura estaba ideal. Todo el mundo estaba desabrigado disfrutando de un dÃa veraniego. Mientras tanto, la tarada número uno de la Argentina tenÃa puesta una polera violeta y una campera gigante. Creo que ni en la Antártida usan una campera como la mÃa. Lo que pasa que mi vieja me rompió tanto esta mañana para que me abrigue que como cualquier mortal le hice caso y, gracias a ello, pasó algo sorprendente y mágico que les contaré a continuación.
Leer más...HabÃa caÃdo otra vez, se dio cuenta al llegar al fondo y ver los rostros a su alrededor. Abajo no estarÃa solo, muchos colegas lo acompañarÃan: escritores admirados, otros desconocidos, literatos descollantes, mediocres, inescrupulosos, abnegados, agudos, apasionados, concisos, obsesivos.
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