¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. No hagas conmigo lo que hiciste con el diario del domingo (¿te creés que no te vi?) o con esa otra revista que ni siquiera hojeaste. A mà sà me leÃste, asà que merezco otro destino. Dejame ahà mismo donde estás, en el banco de la plaza, o en el asiento del subte o del colectivo. O en la mesa del bar. O en el asiento del cine. O apoyada contra la pared en una calle céntrica. Dejáme que me las arreglo sola para llegar a las próximas manos. ¿O te creés que fuiste mi primer lector?
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Reproducime, copiame, transcribime, duplicame, parafraseame, repetime, propagame, difundime, esparcime, divulgame, propalame, sembrame, dispersame, desperdigame y asÃ, algún dÃa, cuando creas haberme olvidado, volverás a encontrarme en algún rincón perdido del universo.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Observá a toda la gente del subte que te mira raro porque te estás riendo. Ellos no saben qué es lo que te causa tanta gracia. Regalame a la persona con más cara de agujero negro en todo el vagón y vas a ver como ahora todos lo miran a él. Ya está.
Oblogo: ayudando a la integración del inadaptado.
¿Ya me terminaste de leer? No me tires a la basura. Podés volver a leerme cuando quieras. Trabajo sin conexión, nunca doy error 404, ni bad comand or file name, ni tengo código malicioso. Conmigo no tenés que "¿Abortar, Reintentar, Ignorar?" Me disfruta todo el mundo, porque soy de código abierto. Dale, meteme en la mochila y hacé de mà tu revista de inicio.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Sentate y agarrame con el dedo Ãndice y el pulgar, frente a tus ojos. Empezá a moverme lentamente hacia los costados. Mirame fijo mientras contás hasta 10, despacio. Te vas a sentir cansado. 9, 8. Vas a cerrar los ojos. 7, 6, 5. Aflojas los hombros. 4, 3. Te relajas y te hundÃs en tu asiento. 2, 1. Clack! AbrÃs los ojos, y ya estás listo para aguantar otra semanita, hasta que salga la nueva Oblogo. Oblogo: la revista que te hipnotiza para resistir la rutina.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Deslizame por abajo de la puerta de un vecino de tu edificio. Cada semana, cuando termines de leer un nuevo número, volvé a entregarme de este modo, pero ojo: asegurate de que cada semana le toque a un vecino diferente. Y después esperá a la próxima reunión de consorcio. La diferencia será abismal: en vez de hablar de los problemas de la vereda rota, hablarán de Casciari y del mate. La del 7B, en lugar de quejarse por los ruidos de los tacos de la del octavo, va a pedirle al administrador que ponga banda ancha para poder leer blogs. El loco del 4C, en lugar de insistir en poner una nueva cerradura de seguridad, va a ofrecerse de voluntario para ir todos los martes a Catedral a buscar ejemplares para todos. Oblogo: la lectura del buen vecino.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Y no seas posesivo: compartime, obsequiame, entregame. Practicá la promiscuidad de ideas, que no requiere protección. Pasame a manos de otros lectores que deseen sumergirse en mis páginas. Donar las cosas que más querés te ejercita en el desapego y te permite alcanzar la trascendencia. Regalame, y luego digamos todos juntos: "ohmmmmmm".
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Guardarme en un sobre cerrado y pegale una etiqueta que diga: "Abrir en caso de depresión".
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. El equipo de Oblogo necesita ausentarse un tiempito para trabajar en nuevas ideas. Asà que no vamos a salir durante algunas semanas. Bueno, no me pongas esa carita. Es un recreÃto, solamente. SÃ, yo también te voy a extrañar. Y te prometo que en 2010 salgo a la cancha con todo, dispuesto a ganarle por goleada a la mala onda, a hacerte emocionar, pensar y reÃr como siempre. Mientras tanto, estemos en contacto ¿dale? Acordate que en www.oblogo.com podés registrarte para recibir noticias mÃas, y que también podemos comunicarnos vÃa Twitter (@o_blogo) y en mi fan page de Facebook (www.bit.ly/1QZwyC). Y pensá: ¿Qué vas a hacer en la playa cuando estés embolado de jugar al voley y el mar esté demasiado frÃo para meterse? Claro: leer Oblogo. ¿Y cómo vas a entrar en conversación con los chicos de la carpa de al lado? Claro: regalando Oblogo. Asà que no me tires: hay que pasar el verano.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Andá hasta la ventana. AbrÃla. Quedate mirando la gente pasar. Y de pronto, cuando algún transeúnte atractivo y del sexo opuesto pase, arrojále la Oblogo hecha un avioncito. No te olvides de colocarle un postit con tu email. Si por acaso el transeúnte mira hacia tu ventana, arrojále dos o tres Oblogos más e invitalo a subir al grito de "aquà tengo la colección completa!". Oblogo, la revista que vuela.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Imaginate cuando llegas a tu casa, esta tu pareja, se dio cuenta de esa macana que te mandaste... ¿Que haces? Te bancas los gritos o mejor sin mediar palabra, le encajas un beso y me entregas a sus manos. Por un rato se olvida, mientras pensás como te justificas.
¿Ya me terminaste de leer? No, no me tires a la basura. Por cada Oblogo en el suelo, se muere en Singapur una familia de ardillas.
“Sabés que odio leer, no me insistas más con los libros. No me gustan los libros.â€
Asà me decÃa mi hija menor y clavaba su aguijón hiriente e impiadoso desde la breve altura que sus diez años le habÃan concedido.
Yo creo que a todos alguna vez nos pasa; me parece que todos dudamos alguna vez de nuestra sexualidad. Aunque seguramente varÃan los desencadenantes de esas dudas.
A mà me sucede cuando estoy cerca de un hombre que trabaja con herramientas. Un mecánico, un plomero. En esas situaciones, yo dudo de mi sexualidad.
Ayer cuando llegué del trabajo abrà las tres ventanas inmensas que tiene mi nuevo hogar, para ventilar un poco, y entré a bañarme. Cuando salà del baño me tropecé con una caja, y supe que era hora de desembalar algunas cosas y poner un poco de orden en la nueva morada.
Leer más...No hace falta presentar al Aconcagua. Uno menciona su nombre y la imagen de la montaña de 6962 metros se dibuja en el aire frente a nuestros ojos. Tampoco es necesario presentar a Oblogo; uno dice Oblogo y la imagen de la pequeña revista de 23 gramos y 16 páginas aparece también como si estuviera presente. Entonces, ya tenemos en nuestra mente a los dos protagonistas de esta historia: una revista pequeña, una montaña inmensa.
Leer más...Querida Mariana,
Cuando te fuiste, la música se fue de mi vida. Te llevaste mi iPod lleno de cosas que no te gustaban, y me dejaste tus discos de Arjona y aquel CD player que no deja pasar del tema 5.
Hace unos dÃas, lavándome las manos luego de colocar los platos sucios en el lavavajillas, descubrà que a un costado de mi dedo pulgar derecho se levantaba un pequeño trozo de piel. Al examinar de cerca la herida, noté que por debajo del pellejo no se asomaba la carne viva que era de esperar, sino otra capa de piel, oscura y bruñida.
Leer más...Lo que hay que hacer es muy sencillo. Hay que pararse en una esquina, en una esquina concurrida de una gran urbe, en una esquina a punto de explotar de tránsito y gente y vendedores ambulantes y ladrones y smog y ruido y celulares y tu hermana también. En Buenos Aires, que es donde habito, esa esquina podrÃa perfectamente ser la esquina de Florida y Corrientes.
Leer más...Lo primero que uno debe tener en claro al enfrentar un espejo es que la imagen no se corresponde con la realidad. La joven protagonista de La guerra y la paz –observaba Tolstoi– no se sentÃa bella porque al contemplarse frente al espejo cambiaba su expresión; en lugar de la encantadora sonrisa de la vida real, aparecÃa una mueca de sonrisa fingida.
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