Parafraseando y descontextualizando la ya tan popular y divulgada frase de Marx, me he dado cuenta que la ficción, en cine, TV, teatro y literatura es el verdadero opio de los pueblos. Parece que creer en Dios está muy liviano en las balanzas de los beneficios.
¿Sabías que cuando vos mirás una imagen, en tu cerebro se activa un modo que te hace sentir que la acción que está sucediendo en pantalla te está sucediendo a vos? ¿Pero que tu cerebro también se toma el trabajo de avisarte todo el tiempo que no sos vos el que está mirando, que es tan sólo una imagen? Mientras transcurre ese momento entre que lo sentís y sos notificado, ¿no te sentís más vivo? ¿No es la razón de ser de la ficción?
¿Qué pasa cuando pensás dos veces en salir a pasear o quedarte mirando un capítulo de Lost? ¿Cuando no querés dejar el libro, esa novela maravillosa que estás leyendo, que te tiene atrapado en el almuerzo, mientras tomás el subte, mientras esperás en la parada del colectivo? ¿Qué pasa cuando el momento de ocio se convierte en un juego de rol en el que vos sos parte (o querés serlo) de un mundo que no es el tuyo, con otra identidad? ¿Qué pasa cuando ser tan sólo un ser humano es demasiado aburrido, demasiado normal, demasiado mortal? ¿Qué pasa cuando necesitás que te suceda algún hecho sobrenatural, algo mágico o loco? ¿Qué te pasó cuando saliste de la oficina después de ver el Facebook de un amigo de la secundaria que se fue de viaje por el mundo y de las ganas que te dieron de vivir algo parecido, fuiste a la librería y te compraste la Lonely Planet North Korea? ¿Te acordás que querías ser astronauta? ¿Eh? ¿O era Presidente?
La última vez que viste unas bolsas en el pasillo del edificio y pensaste que no eran simples escombros, que eran “algo más que simples escombros” (con tono de pensamiento misterioso), ¿no pensaste por un momento que vos podías resolver el misterio?
La noticia es que todos queremos ser especiales, tener poderes mágicos, viajar en el tiempo, caer en una isla desierta llena de eventos sobrenaturales y salvar el mundo de un asteroide mortal que aniquilaría a la especie humana, excepto que vos y sólo vos intercedas entre 6 mil millones de personas y nos salves a todos.
Todos queremos y por eso miramos Lost, porque queremos una vida especial, un cable a la Matrix, una cápsula creadora de Avatares y algún tipo de superpoder que el dinero no pueda comprar.
Pasa que algunos ya se cansaron de ser todo el tiempo sí mismos en esta cárcel de células contrareloj a la nada, perdoname que te lo diga así. No te enojes. No, no lo escuché en ninguna película.
Si tal vez no fuese tan fácil y tan barato sacar boleto al mundo de ficción, activar tu imaginación y disfrutar sin pecados, capaz Dios seguiría siendo el opio y los pueblos, pueblos.


