La reacción canónica de nuestra intelligentsia progresista ha sido: es buen escritor, pero no concuerdo con sus ideas. Ejemplo (uno entre miles): Abelardo Castillo en la revista Ñ.
Me molesta. Si ha sido buen escritor, qué sé yo, no soy experto. Me gustaron sus libros, aunque obviamente como economista creo un poco en la productividad marginal decreciente: pulir es trabajoso, y Borges habría sido menos pulido si hubiese sido tan prolífico como Vargas Llosa. De hecho, el reguero de poemas de la tercera edad borgeana es lo que menos prefiero. Y Vargas Llosa es como se dijo alguna vez de Osvaldo Soriano: un escritor con una rara peculiaridad, escribe. Para mi gusto hay libros grosos (La ciudad y los perros), otros un poco menos (La fiesta del chivo y La guerra del fin del mundo), otros que mucho no me coparon (Historia de Mayta). Ah, ¡y me encantó la película, sí, la película, Pantaleón y las visitadoras!
Así que lo de “buen escritor” lo acepto. Lo que me molesta es el “pero”. Eso de “gran escritor, pero sus ideas…” ¿Será que me hace acordar a lo de “Maradona fue un grande como jugador, pero como persona-padre-técnico-etcétera…”? Puede ser.
Claro que cada uno piensa como quiere, y puede no pensar como Vargas Llosa. Pero ¿es nazi Vargas Llosa como para que la primera reacción sea “pero sus ideas”? Si a un liberal realmente democrático le dan el Premio Nobel, es de mal gusto que un socialdemócrata realmente democrático reaccione, primera cosa, diciendo: “me gusta cómo escribe, pero sus ideas políticas…”. Cuando a un socialdemócrata le dan el Premio Nobel, como debería ocurrir casi siempre con un premio que se elige en Suecia, ¿hay algún liberal que se escandalice diciendo “pero ¡sus ideas, sus ideas!”? No. Eso se guarda para los Heidegger, los Ezra Pound, los Kipling.
¿Qué hizo Vargas Llosa, políticamente? Quiso aplicar en Perú el Consenso de Washington, es decir, las políticas que hoy practican todos los países del continente excepto Venezuela. Noticias del mundo, señoras y señores: la revuelta neoliberal ha triunfado. Ha triunfado en América Latina. Y en la última década ha consolidado su victoria gracias a practicantes insospechados, que lo hacen con disimulo: los Lula, los Mujica, los Alan García y hasta los Kirchner de este mundo han abrazado el neoliberalismo. ¿Qué era el neoliberalismo? ¿No eran las recetas del Consenso de Washington? Aquí están: que no haya grandes déficits fiscales, que la moneda no esté muy apreciada, que los servicios públicos estén en su mayoría en manos privadas, que no haya obstáculos excesivos al comercio exterior. Todo lo que hace hoy casi toda América Latina. Argentina incluida, con sus condimentos de política criolla.
¿Qué más hizo Vargas Llosa? Criticó mucho a Fidel Castro, cosa que no debería sorprender de alguien que hizo carrera criticando a los gobiernos no democráticos del mundo y especialmente del continente (a Trujillo le dedicó un libro, y llamó al PRI mexicano “dictadura perfecta”).
Y entonces empiezo a entrever lo que me molesta. Me molesta la doble moral. ¿Podés pensar que sos “del palo” de Lula y de Castro y que por eso te molestan las ideas de Vargas Llosa? Solamente si sos un cínico. La política democrática y neoliberal de Lula no podría ser más opuesta a la política autoritaria y literalmente comunista de los Castro. Tenés que elegir. El famoso programa “Bolsa Familia” –supuestamente la gran política inclusiva de Lula, como la Asignación por Hijo aquí– es bastante parecido a lo que siempre propuso Milton Friedman como política social. Si te gustan las políticas de Lula en Brasil tu diferencia con Vargas Llosa es de matices, de estilos: un poco más de discurso anti-yanqui sin consecuencias, un poquito más de foro anti-Davos, un poquito más de crédito estatal a los grandes conglomerados industriales. Si te gustan las políticas de Castro en Cuba no te puede gustar Lula: tenés que tomar las armas o ser un cobarde.
Castro o Lula, tenés que elegir. Y si elegís Lula, el “pero sus ideas políticas”, guardátelo un rato. Decilo, pero no en el minuto uno, apenas recibe el Nobel, como si fuera una gran mancha en su carrera. Son los debates del gran diálogo democrático, así que lo podemos discutir después. Otro día. Cuando estemos hablando de eso.


