Ay Facebook, Facebook...
Prendo mi computadora contenta como todas las mañanas, chequeo mis mails, contesto alguno de urgencia, selecciono otros para responder después, abro el Facebook para poner alguna frase estúpida en mi perfil que me garantice reírme el resto de la tarde y ¿con qué me encuentro?
Personas que tal vez conozcas: xx
¿Quieres agregarlo como amigo?
Y una fotito de mi ex en primer plano.
A ver Facebook, cómo te explico:
Estuve seis años para separarme; lloré como nunca creí que lo iba a hacer en mi vida; afronté un tratamiento psicológico; me atendí con una masajista china que me practicó acupuntura y me curó de los ataques de pánico que eran consecuencia de no soportar el fracaso; me encerré por meses y ni siquiera atendía el teléfono; me costó horrores no autoboicotearme ante una nueva relación. Y así puedo seguir toda la tarde.
Entonces, mi querido Facebook, te contesto: ¿por qué no te vas a dar consejos a otro lado?


