–¿Papi, jugás conmigo? –escuchó a sus espaldas.
–No, Lucas. Ahora no puedo, estoy trabajando –respondió fastidiado.
Escuchó un “Ufa, nunca podés” y se sumergió en el maldito powerpoint. Hacía días que estaba intentando preparar su presentación para la Convención Anual de Empleados de Nippon Electronics. Todos los años, en una multitudinaria reunión a la que asistían los jerarcas de la empresa, los gerentes debían proponer las metas de sus áreas para el próximo año. Puntualmente, puntillosamente, eficientemente y respetuosamente al estilo corporativo japonés.
Nunca como este año Joaquín había tenido tantas dificultades para desarrollar sus ideas. Estaba abatido porque el día llegaba, los japoneses eran estrictos y a él no se le caía una idea. La depresión comenzó a minarle sus energías hasta que finalmente llegó el día. Sólo tenía la mente en blanco.
Con angustia soportó la exposición de sus colegas. Esperó como un animal en el matadero el momento en que sería fulminado por los ojos sesgados de sus superiores. Llegado su turno, se incorporó y comenzó a balbucear algo mientras se hacía un silencio desgarrador. De pronto, como si un espíritu se hubiera apoderado de su mente y su cuerpo, enderezó su postura, caminó firme y desafiante al atril, se aflojó el nudo de la corbata y comenzó a hablar:
–Caballeros, mi exposición de hoy no tiene gráficos, ni videos, ni fotos, ni números –una serie de murmullos se instaló en el ambiente y todo el mundo comenzó a sentirse incómodo y expectante–. Lo que hoy vengo a exponer es simplemente que el año que viene yo, Joaquín Fornes, gerente de sistemas de la región, me voy a tomar el año sabático.
Las caras de los funcionarios nipones reflejaron primero estupor, para dar paso luego de la sorpresa a una indignación inocultable. El resto de los empleados estaba en un estado de tensión tal que impedía que sus sentidos se expresaran. Algunos contenían las carcajadas, otros en mayor número sintieron correr un frío en sus espaldas. La disciplina en la empresa era rigurosa al estilo oriental por más que estuvieran en Argentina.
Joaquín no sabía de dónde brotaban su actitud y sus palabras pero no podía detener la avalancha interna que lo impulsaba.
–Sí, creo que mi propuesta es definitivamente que se respete el año sabático para todo el personal de la empresa de este país y en todas las filiales. Es un derecho inalienable de todo trabajador que por otra parte y merced a este beneficio, rendirá mucho más en su vida laboral reportando a la empresa un aumento en sus utilidades.
En ese instante el presidente de la corporación interrumpió como un latigazo la exposición pare evitar que todo se desmadrara.
–Fornes-san –comenzó–. Usted sabe que la empresa es nuestro mundo y todos nos debemos a ella y lo que está proponiendo es considerado alta traición y causal de vergüenza. Considere que nuestra gente trata de tomarse el menor tiempo posible de ocio.
En una actitud nunca vista en la historia de la corporación, Joaquín lo interrumpió:
–Estimado Aito Hideki-san, que los empleados que piensan así, me agarren ésta –dijo señalando su entrepierna ante el escándalo ya imparable. Y como un líder tomó el micrófono y preguntó–: A ver, ¿quien está a favor del año sabático?
Al principio un silencio tenso, acompañado de la satisfacción de las autoridades. Luego murmullos y miradas entre los asistentes hasta que brotó un grito contundente desde el fondo: “Aguanteee Joaquín y el año sabáticooo”. Y finalmente el descontrol con la gente parada en sus butacas y revoleando corbatas, exigiendo desde aumentos de sueldo hasta sexo, drogas y rock & roll. La Convención fue suspendida.
–Pá, jugamos a la pelota –preguntó Lucas.
–Sí, hijo, sí –respondió Joaquín incorporándose de la reposera.
Nunca supo de dónde le provino el arranque aquel día. Lo cierto es que con la indemnización que recibió de Nippon Electronics el resto de su vida podía ser sabática si quisiera. Nada más que por firmar un papel donde se avergonzaba de su actitud y reconocía algún trastorno bipolar pidiendo disculpas a la empresa por lo sucedido. Todo al estilo oriental… menos la indemnización que fue pagada en secreto en otro estilo, claro.
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